Inolvidables mítines de la Transición, y alguno más

[De la serie «Les acordances de Ramón»]

Hace muchos años que no voy a un mitin político. Desde hace bastante tiempo, los mítines de los grandes partidos son sobre todo actos litúrgicos de afirmación grupal de los militantes y simpatizantes de los partidos que los convocan. No están pensados para atraer la atención general de la ciudadanía y convencerla de las excelencias de su mensaje político, sino que están diseñados para reunir a la feligresía alrededor de cuatro consignas, y sobre todo, para ofrecer a la prensa una imagen y un titular, consiguiendo así un espacio en los noticieros de los periódicos o de la televisión.

Sin embargo, durante la Transición teníamos la costumbre  de asistir a los mítines de todos los partidos, al menos entre gentes progresistas. Eran otros tiempos, qué duda cabe. Para empezar, en los años posteriores a la muerte de Franco Bahamonde los mítines políticos eran una novedad absoluta para la mayoría de la población. Yo oía a mis padres hablar de los mítines de cuando la República, y era como evocar un pasado legendario. En segundo lugar, escuchar a los líderes de la izquierda hablar en público era lo nunca visto, pues hasta hacía poquísimo tiempo habían estado en la clandestinidad, en la cárcel o en el exilio. Oír a líderes de la izquierda levantaba una expectación enorme, porque estábamos hartos de escuchar a los de la derecha, muchos de ellos reconvertidos en demócratas por la vía rápida. ¿Qué interés podía tener para un joven de ideas progresistas del año 1977 ir a un mitin a Fraga Iribarne, veterano político del franquismo?

No me acuerdo de a cuántos mítines políticos asistí durante la Transición. Fueron muchos. Entre los años 1976 a 1979, aproximadamente, mi pandilla de amigos de Pumarín planificábamos la asistencia al mitin que estuviera anunciado en Gijón o ciudades vecinas, como si fuéramos a una excursión. Lo pasábamos pipa. Lo mismo daba que fuera un mitin comunista, socialista o anarquista. No teníamos sentimiento partidario alguno, y eso que si algo caracteriza a la izquierda es su tradicional sectarismo. Por aquellos años se vivía una explosión de libertad que no atendía a siglas. En cualquier mitin de cualquier partido encontrabas a militantes de otros partidos. Eso es impensable hoy.

Seguidamente haré memoria de algunos de los mítines a los que asistí por aquellos años.

Yo creo que el primer mitin al que asistí fue el histórico de Felipe González en el pabellón de deportes de L’Arena (Gijón). Corría el mes de agosto del año 1976. El recinto estaba totalmente abarrotado, no cabía un alfiler. Pude escuchar a los oradores desde la pista, bastante cerca de la tribuna. Por supuesto, el joven Felipe entusiasmó a la concurrencia.  Estaba todo el mundo: pude ver cerca de mí a compañeros derechistas del instituto Jovellanos, en el que había terminado mis estudios ese mismo año. En el mitin también se hizo un homenaje a José Mata, mítico guerrillero socialista asturiano que vivía exiliado en Francia, y cuya efigie presidía la tribuna. Por lo visto, en ese mismo mitin estaba también un espectador llamado José Luis Rodríguez Zapatero, para el cual, según sus propias declaraciones, la asistencia a ese acto fue la revelación y el detonante de su inmediata militancia en el PSOE. Curiosamente, a Zapatero lo conocí años después en la Universidad de León, donde era, como yo, un humilde «penene» (para los millennials, PNN = Profesor No Numerario), él de Derecho y yo de Filología Española. Era un personaje muy conocido por su liderazgo en el PSOE leonés y en la Universidad. Todo el mundo lo llamaba «El Papes». Él llegó a presidente del Gobierno, yo no. Por cierto, siendo yo profesor en León, asistí a otro mitin de Felipe González, en el pabellón de deportes de la ciudad, a orillas del Bernesga, cerca de donde yo vivía. El ambiente era de triunfo por adelantado: era la campaña electoral en la que ganó su primera mayoría absoluta, en 1982.

José Mata, histórico guerrillero socialista. Esta fotografía presidía el mitin de Felipe González en el pabellón de L’Arena de Gijón en 1976.

Otro mitin histórico que recuerdo perfectamente fue el de Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista de España (PCE) en la plaza de toros de Gijón, en abril de 1977. Era, si no recuerdo mal, una soleada tarde de domingo, y el recinto estaba, como era normal en aquella época, a rebosar. Si Felipe González tenía mucha labia como orador, Carrillo no le iba a la zaga. Tenía una retranca arrolladora. Lo estoy viendo en la tribuna, moviendo sus mandíbulas como un muñeco de hojalata, subiendo y bajando el brazo y diciendo con su voz cavernosa algo así como «después de cuarenta años de dictadura, los comunistas…», «¿cómo se atreven esos mozalbetes de Fuerza Nueva a insultar a la camarada Dolores Ibárruri…?», etcétera. Fue un acontecimiento aquel mitin, celebrado semanas después de la legalización del PCE. Yo tenía muchos amigos en el PCE, y aquello se vivió como una fiesta de alegría desbordante.

El mitin de Carrillo en la plaza de toros de Gijón en 1977. Abajo, el cartel anunciador. Fuente: El Comercio.

También asistí a un mitin de Enrique Tierno Galván (PSP, Partido Socialista Popular) en al pabellón de deportes de Oviedo, si no recuerdo mal. Y a otros mítines de otros partidos más pequeños situados más a la izquierda, como el MCE, la LCR, la ORT, el PTE, etc., de los que tengo vago recuerdo.

Pero sin duda el mitin más impresionante de todos los que presencié fue el que protagonizó la legendaria dirigente comunista Dolores Ibárruri «La Pasionaria» (PCE) en el estadio «Suárez Puerta» de Avilés, en mayo de 1977. Hacía pocas semanas que había vuelto del exilio a España, y se presentaba como candidata al Congreso de los Diputados por Asturias, en las elecciones que iban a tener lugar en junio siguiente. Con bastantes días de antelación, el mitin que La Pasionaria iba a dar en Avilés se vivía como un acontecimiento en mi familia y amigos de Pumarín. Ese día, nos reunimos mi padre, mi madre, mi hermano Efrén y nuestro amigo Manolo (Manuel Juan Martínez, que se jubiló hace pocos años como profesor de Historia en el instituto de La Laboral), nos embutimos los cinco en el Seat 600 pilotado por mi padre y, con dos horas de antelación, nos lanzamos a la autopista. No habíamos llegado aún al nudo de Serín, y ya el tráfico oscilaba entre el embotellamiento y la marcha lenta: tal era la riada que acudía a Avilés para ver a La Pasionaria. ¡Impresionante! Tardamos tiempo en llegar, y ya en el estadio, y entre un gentío enorme, pudimos oír las palabras vigorosas de La Pasionaria, pronunciadas en una timbrada y potente voz que en mi casa habíamos escuchado tantas veces en Radio «Pirenaica» (de esto hablaré otro día), y que hoy cualquiera puede oír en archivos sonoros que se encuentran fácilmente en Internet. Verdaderamente aquella mujer era un vendaval. También recuerdo que habló Vicente «Tini» Álvarez Areces, el entonces dirigente comunista asturiano y años después alcalde de Gijón y presidente de Asturias.

La Pasionaria en el histórico mitin de Avilés de 1977. Abajo, el cartel anunciador. Fuente: El Comercio.

De todos aquellos mítines, no me pregunten ustedes qué frases o qué mensajes puedo destacar. Pueden ustedes imaginar que hablaban de la libertad, de los cuarenta años de la dictadura, de la democracia, de la fuerza de la clase trabajadora, etcétera. Pero qué importa: lo que queda en la memoria son los momentos irrepetibles e históricos que nos tocó vivir a aquellos que éramos jóvenes en unos años en que todo comenzaba. Sí señores, puedo decir que estuve en aquellos mítines de Felipe, de Carrilo y de La Pasionaria, ahí es nada. (En aquellos años hubo otros acontecimientos históricos en los que tuve la suerte de estar presente; por ejemplo, en la gigantesca manifestación de la primera Diada Nacional de Cataluña en Barcelona, en septiembre de 1976. Impresionante. Hablaré otro día de esto).

¿Podrán ustedes creer que también estuve en un mitin de Fuerza Nueva? Bueno, al menos como asistente circunstancial, breve y atípico. Creo que era la campaña de las elecciones generales de 1979. Se iba a celebrar en el pabellón de deportes de L’Arena, en Gijón, un mitin del partido ultraderechista Fuerza Nueva, con intervención de su líder, el famoso Blas Piñar. Por pura curiosidad juvenil, mi amigo de Pumarín, Rafael González «Falo», y yo, nos acercamos a husmear, como que no quiere la cosa, hacia las inmediaciones de una de las puertas de entrada, simplemente por curiosear, por «golifar» qué tipo de gente asistía, si había caras conocidas, etc. Como todo era normal, fuimos aproximándonos cada vez más, hasta que, casi sin darnos cuenta, estábamos dentro del pabellón, aunque al lado mismo de la puerta, por si las moscas. El pabellón estaba hasta arriba de gente, y ya estaba hablando un orador. De repente, una viejecita de bastantes años y que caminaba torpemente, me agarró de un brazo y me dijo: «Joven, ¿dónde están los de Madrid, que me he perdido y no veo bien? ¿Sería usted tan amable de acompañarme hasta ellos, que creo que están en esa grada?», y señaló hacia una zona que había que atravesar entre el gentío. Y así, sin comerlo ni beberlo, me vi dentro de aquella vorágine con aquella encantadora señora a mi brazo y, no me acuerdo cómo, pude dejarla en la grada donde la estaban reclamando, no sin antes recibir el agradecimiento de la señora y de sus parientes. Volví inmediatamente a la puerta y largamos de allí.

Los últimos mítines en los que estuve se podrían catalogar dentro de la modalidad de «mítines turísticos», en compañía de mi mujer Beatriz. Estábamos ambos de visita turística por Bilbao, en la Semana Santa de 1998, cuando al pasear por las cercanías del estadio de San Mamés vimos que había una fiesta del PNV en unos pabellones feriales, pues se conmemoraba el Aberri Eguna o Día de la Pastria Vasca. En calidad de turistas, entramos al recinto (era entrada libre), y allí pudimos contemplar cómo el lehendakari Ardanza presentaba públicamente a quien iba a ser ese mismo año candidato al mismo cargo por el PNV, que era Juan José Ibarretxe, presidente vasco durante diez años. Había buen ambiente y mucho jolgorio, música, comida y bebida, y como afuera llovía a cántaros, dimos por bien empleado el tiempo que pasamos en aquel acto.

El doctor Mário Soares, histórico dirigente socialista que fue presidente de la República Portuguesa.

En el verano del 2005, Beatriz y yo estábamos de vacaciones en Portugal, en la localidad algarvía de Portimão. Una tarde fuimos a visitar la ciudad de Lagos, y vimos que estaba anunciado un mitin ni más ni menos que de Mário Soares, histórico dirigente socialista y expresidente de la República Portuguesa. Por aquel tiempo Soares era un político retirado de extraordinario prestigio; pasaba de los ochenta años y era una figura histórica que iba a hablar para los socialistas locales en un pequeño pabellón deportivo. Allá nos dirigimos. Pero no podíamos entrar, pues el acto estaba restringido para militantes. Así que, en su propia lengua, insistimos a los que controlaban la entrada que éramos españoles que teníamos profunda admiración hacia el doutor Soares y que, por favor, nos dejaran entrar para escucharlo hablar, que no podíamos perder esa oportunidad. No hubo que insistir mucho. Pudimos escucharlo desde una grada, no muy lejos; su voz y gestos delataban mucha veteranía, pero conservaba un verbo lucido, sabio y preciso. Quedamos muy satisfechos de haber asistido a aquel acto. No es lo que uno se imagina cuando hace turismo, pero otros hacen cosas más raras.

Publicado por Ramón d'Andrés

Ciudadano de Oviedo (Asturias). Profesor de Humanidades. Ciudadanu d'Uviéu (Asturies). Profesor d'Humanidaes.

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2 comentarios

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  1. Guapa alcordanza. Yo taba estudiando daquella en Madrid y alcuérdome que vimos el primer mitin del PSP y el de la FAI. Esti últimu, na plaza de toros d’Alcobendas, inolvidable.

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  2. Mui interesante!

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