Pablo Hasél, la libertad de expresión y el principio de reversibilidad

Yo creo que Pablo Hasél no merece estar en prisión y apoyo su excarcelación. Pero como me parece un auténtico decidor de majaderías, permítanme que lo exhiba simbólicamente cabeza abajo. Yo también tengo mi libertad de expresión. Espero que no se ofenda.

Algunas letras del rapero de ultraizquierda Pablo Hasél son una basura inmunda. Sin embargo, si estas muestras de coprolalia merecen alguna reprobación judicial, no creo que la cárcel sea algo proporcionado. Se mire por donde se mire, meter en la cárcel por unas letras de canciones me parece que delata un exceso propio de un país de hidalgos cabreados. España es un país de hidalgos cabreados.

Pero ahora imaginemos lo siguiente. Imaginemos que un rapero de ultraderecha ―que supongo que alguno habrá― expele oralmente y en público letras que ensalzan la violencia de los Guerrilleros de Cristo Rey o de Cruz Ibérica (para los millennials, eran grupos terroristas de ultraderecha de los años 70), o que se burlan de los abogados de Atocha o burradas por el estilo. ¿Ustedes creen que en ese caso esa cierta izquierda se mostraría tan estupenda y comprensiva con la libertad de expresión? Yo creo que no: estaría esgrimiendo el «delito de odio» y denunciando al rapero ultra para que fuera… a la cárcel.

Vean un caso por el otro lado. Las Trece Rosas es el nombre con que se conoce a trece muchachas de las Juventudes Socialistas Unificadas de Madrid que fueron vilmente fusiladas por Franco en agosto de 1939. En 2019, Ortega Smith, dirigente de Vox, ventoseó verbalmente esto: «Resulta que lo que hacían era torturar, violar y asesinar vilmente» en las checas de Madrid durante la Guerra Civil. Entonces la asociación «Trece Rosas Asturias» se querelló contra Ortega Smith por incitación al odio y delitos de calumnias e injurias graves con publicidad. Pero el Tribunal Supremo inadmitió a trámite la querella, razonando que era un ejercicio lícito de la libertad de expresión. Para que se considerara un delito, además de la difusión de ideas, tendría que implicar «un peligro cierto de generar un clima de violencia y hostilidad que puede concretarse en actos específicos de violencia, odio o discriminación contra aquellos grupos o sus integrantes como tales».

Como no me presento a ninguna elección, lo digo claramente: yo creo que Ortega Smith ―otro personaje que me cae como una patada en el píloro― no merecía la cárcel por aquellas declaraciones nefandas, igual que Pablo Hasél tampoco la merece por sus letras impresentables. Si la libertad de expresión vale para un caso, vale también para el otro, por mucho que pueda disgustar. Me guío por lo que llamo Principio de Reversibilidad: aquello que es válido para los faltosos de derechas, es igualmente válido para los faltosos de izquierdas, y viceversa.

En la misma línea, un demócrata no solo ha de predicar el pacifismo, sino que debe condenar la violencia allí donde se produce. Y no por ningun cálculo político, sino por la esencia de sus convicciones, y punto. Esos tropeles de vándalos que organizan disturbios violentos parasitando legítimas manifestaciones pacíficas, merecen todo el rechazo explícito de los que se dicen demócratas. Por eso, no entiendo los remilgos de cierta izquierda para hacerlo. Después, cuando baja su voto en las elecciones, ponen cara de bobos, como diciendo «¿Qué pasará para que no nos voten?». Y es que hay una parte de la izquierda que se deja obnubilar por sus propias pijadas.

ANEXO: ALGUNAS MUESTRAS DE LA COPROLALIA DE PABLO HASÉL

«¡Merece que explote el coche de Patxi López!».

«Es un error no escuchar lo que canto, como Terra Lliure dejando vivo a Losantos»

«Merece también un navajazo en el abdomen y colgarlo en una plaza».

«No me da pena tu tiro en la nuca, pepero. Me da pena el que muere en una patera. No me da pena tu tiro en la nuca, socialisto».

«Pena de muerte ya a las Infantas patéticas, por gastarse nuestra pasta en operaciones de estética».

«Pienso en balas que nucas de jueces nazis alcancen»

«Prefiero grapos que guapos. Mi hermano entra en la sede del PP gritando ¡Gora ETA! A mí no me venden el cuento de quiénes son los malos, sólo pienso en matarlos».

«Que alguien clave un piolet en la cabeza de José Bono».

«Que li fotin una bomba, que revienten sus sesos y que sus cenizas las pongan en la puerta de la Paeria».

«Quienes manejan los hilos merecen mil kilos de amonal»

«Siempre hay algún indigente despierto con quien comentar que se debe matar a Aznar»

En una entrevista en cierto canal de televisión, Pablo Hasél le hizo a Pablo Iglesias esta pregunta que delata una refinada carga de filosofía política: «Si te pudieras cargar a Juan Carlos de Borbón, Amancio Ortega o Aznar. ¿A quién te cargarías de los tres?».

Publicado por Ramón d'Andrés

Ciudadano de Oviedo (Asturias). Profesor de Humanidades. Ciudadanu d'Uviéu (Asturies). Profesor d'Humanidaes.

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