Por qué llamamos «radio» a la radio, y otras amenas curiosidades

Aprovechando que el 13 de febrero fue el Día Mundial de la Radio, recupero ahora una intervención mía en el microespacio que tengo dentro del programa Noche tras noche, que dirigen Marcos Vega y Georgina Fernández en la Radio del Principado de Asturias. Hablaba entonces de por qué a la radio la llamamos radio; desarrollaré aquel asunto.

Como la mayor parte de nuestro vocabulario, todo empieza en el latín. Realmente, es espectacular el viaje que hizo la rústica palabra rádius, que usaban los aldeanos del Lacio unos siglos antes nuestra era, hasta la moderna y tecnológica radio. Muy resumidamente: llamamos radio a la radio debido a una innovación del lenguaje científico, en una típica operación de ingeniería lingüística. Les invito a conocer cómo sucedió todo.

Rádius era una varilla, un palito

La palabra en la que todo comienza es, como ya adelanté, el sustantivo latino rádius. ¿Y qué significaba rádius para aquellos romanos que, antes de ser imperio global, eran un modesto pueblo campesino que machacaba terrones y cuidaba ovejas a orillas del Tíber, allá por el siglo VII a. C.? Pues en su rústica lengua, lugareña y alejada del mundo, rádius era una palabrilla que designaba, sin mayor pretensión, una ‘varilla’, una ‘estaquita puntiaguda’, un ‘palito’ u objetos parecidos (una púa, un espolón de ave, una espina de pescado, etc.). Como se ve, poca cosa: una palabra humildísima que en nada podía soñar con las altas misiones que le encomendó su prolífica evolución posterior.

En latín rádius era una varilla o un palito como el de esta imagen.

[Anotación. Después de consultar diversas obras, no encuentro ningún parentesco del lat. rádius con otras lenguas indoeuropeas. Por un momento estuve tentado a sospechar su posible relación con la antigua palabra germánica que dio lugar a voces como el inglés rod o el alemán Rute ‘vara, varilla’. Pero parece que la cosa no va por ahí ni mucho menos, así que lo retiro inmediatamente. Las apariencias engañan, y en asunto de indoeuropeo mucho más].

Es ley universal de las lenguas que una palabra que designa primero algo físico y tangible, pase metafóricamente a designar otras realidades ―físicas o mentales― que comparten algún rasgo. Esto ocurre por metáfora, metonimia o lenguaje figurado, y no hay lengua del mundo, por más rústica que sea, que carezca de usos figurados de las palabras, ya que estamos ante una característica del sistema cognitivo del ser humano. Esto, por supuesto, pasó en el antiguo latín con la humilde palabra rádius.

La rueda y sus palos o radios

Porque, en efecto, para los antiguos romanos rádius llegó a significar ‘radio de la rueda’. El salto semántico no es muy brusco: ciertamente, los radios de la rueda son varillas o palitos que irradian o salen a partir de un centro (el cubo). ¡Atención a este significado!: la imagen de una rueda con sus palos saliendo del centro es tan potente, que es la que origina todo lo que vendrá después. [De momento, habrán observado que he usado palabras como radios e irradiar, que ya nos dan alguna pista…].

Los radios de una rueda: una imagen potente que será muy fructífera en la historia de la palabra rádius.

Y de esa poderosa imagen de la rueda con radios, resultó ya en latín que rádius también llegó a significar ‘rayo de luz’, ‘rayo de sol’: fíjense ustedes en que la luz que salía de un foco de luz se representaba (¡y aún lo seguimos haciendo!) como una serie de rayas o varillas o palitos que salen a semejanza de los radios de una rueda.

Rayos de luz. A la derecha, representación de rayos de sol en un bajorrelieve egipcio de 3000 a. C.

Creo que, llegados a este justo punto, podemos intuir por dónde van los tiros.

Rádius y sus herederos populares en las lenguas romances

Pero primero, para seguir el viaje de la palabra latina rádius, vamos a recordar algo elemental, y es que todas las lenguas se van transformando inevitablemente a través de los siglos. Así pues, el latín de los antiguos romanos, extendido a todos los rincones del Imperio, se fue transformando a través de los siglos en boca de la gente que lo hablaba, y en cada país y región lo fue haciendo de maneras peculiares. Esto fue dando lugar a las lenguas romances, que se extienden desde Portugal hasta Rumanía.

Por tanto, debemos suponer que si el sustantivo rádius (y su derivado el verbo radiáre ‘poner radios’, ‘emitir rayos de luz’) siguió usándose en el habla cotidiana, tuvo que sufrir alteraciones fonéticas. Y, en efecto, así fue. La antigua palabra rádius, a través de la forma rádium ―que era la forma del caso acusativo de la declinación (que pronto la gente pronunció simplemente rádiu)―, se fue alterando fonéticamente, y junto al verbo radiáre, dio lugar, en boca del vulgo, a palabras modernas como las siguientes:

–Castellano: rayo (de luz, del sol, de tormenta); también se refiere a los radios de la rueda. El uso de rayo aplicado al de la tormenta es una innovación común con el asturleonés y el gallegoportugués, ya que en latín se llamaba fúlmen, fúlminis, de donde cultismos como fulminar, fulminante. Están relacionados raya y el verbo rayar.

–Asturiano: rayu (de luz, del sol, de tormenta, de rueda); raxu, que designa un ‘chorro de líquido’, con la misma idea de algo lineal que sale de un foco; raxu también designa ‘cada uno de los tentáculos del pulpo’, en una imagen claramente derivada de la anterior y que evoca fácilmente los radios de la rueda. También existe el verbo rayar.

–Gallego: raio, raia, raiar; raxo ‘tentáculo del pulpo’.

–Portugués: raio, raia, raiar; rajo ‘estría’, ‘tentáculo del pulpo’; rajar ‘estriar’.

En asturiano raxu, en gallego raxo y en portugués rajo, significan ‘tentáculo del pulpo’, y proceden directamente del latín rádius.

–Aragonés: rayo ‘de luz, de rueda’.

–Catalán: raig ‘rayo de luz, de rueda’ (el rayo de tormenta es llamp); ‘chorro de líquido’; quizá ratlla ‘raya’ y ratllar ‘rayar’; rajar ‘manar un líquido’.

–Francés: quizá raie ‘raya’; rai y rayon ‘rayo de luz, de rueda’ (el rayo de tormenta es foudre); rayer ‘rayar’, rayonner ‘resplandecer, brillar’. El francés rai fue tomado en la Edad Media por el inglés, en la forma ray.

–Italiano: raggio ‘rayo de luz, de sol’ (el rayo de tormenta es fulmine).

–Rumano: rază ‘rayo de luz, de sol’ (el rayo de tormenta es fulger).

Es decir: la palabra latina rádius siguió viviendo, pero no con esa forma y pronunciación, sino en sus herederos populares alterados, que son las palabras que acabo de citar.

Por cierto, una observación general: ningún heredero romance de rádius conserva el significado primitivo de ‘varilla, palito’. Todos los sentidos son figurados: de rueda, de luz, de sol, de tormenta, etc.

El renacimiento de rádius en la anatomía y la geometría

Sin embargo, el viejo y humilde rádius va a renacer. Esto está en relación con el hecho de que el latín clásico nunca cayó en el olvido, ya que fue la lengua culta durante toda la Edad Media y hasta el siglo XIX y parte del XX. En efecto, durante toda la Edad Media, los pueblos que en época romana habían hablado latín lo fueron transformando en las diversas lenguas romances, que eran idiomas populares y de andar por casa (aunque poco a poco fueron adquiriendo usos formales y cultos). Pero el latín siempre desempeñó funciones de lengua culta y oficial. La gente letrada, que era una minoría, escribían y hablaban latín cuando salían de la pura conversación cotidiana. Sucedió, de rebote, que el latín funcionaba como un depósito de palabras que estaban a disposición de las élites cultas cuando les hacía falta nombrar algún concepto o realidad nueva. Estas palabras, incorporadas y adaptadas artificialmente al idioma vulgar por los doctos, fueron una fuente de enriquecimiento del vocabulario. Se llaman cultismos. Si bien la incorporación de cultismos latinos fue una constante en toda la Edad Media, es a partir del Renacimiento, con el auge del humanismo y el avance del conocimiento científico, cuando el caudal de cultismos aumentó. Y se multiplicaron aún más a partir del s. XVIII. En pleno siglo XXI, nuestras lenguas no podrían funcionar correctamente en el ámbito culto si no fuera por la cantidad inmensa de latinismos que acogieron y siguen acogiendo.

Así que el humilde rádius resurgió como cultismo. Adaptado al castellano como radio se documenta por primera vez en el s. XVIII con estos significados:

–En anatomía, radio es un hueso del brazo; se llamó así por su semejanza con una vara (y vemos cómo se recupera el antiguo sentido de ‘vara’ o ‘varilla’.

El hueso radio es como una varilla o un palito.

–En geometría, radio es la línea que va del centro a un punto de la circunferencia; es evidente que parece un rayo de una rueda.

El radio de la circunferencia recuerda el radio de una rueda.

–Incluso en castellano, radio pasó a usarse en sustitución del tradicional rayo, aplicado al de la rueda (pero en asturiano seguimos diciendo rayu).

El éxito de rádius en física

Pero la mayor revitalización de rádius es más moderna, y vino también de la mano de la ciencia, especialmente desde el s. XIX en adelante. Cuando la física moderna descubrió la emisión de partículas subatómicas cargadas de energía, hubo que designar ese nuevo fenómeno, y para ello se echó mano de la palabra latina rádius, rescatando la vieja imagen que evocaba la ‘emisión de rayos de luz o de sol’. Hubo dos tipos de realidades físicas a las que se aplicó el latinismo rádius:

–La propiedad de algunos elementos químicos de desintegrarse emitiendo energía proveniente de los electrones o del núcleo del átomo (Becquerel, Marie Skłodowska, Pierre Curie, Rutherford) se denominó con derivados del latín rádius: radiación, radioactividad. Además, cuando Skłodowska y Curie descubrieron en 1898 un nuevo elemento radioactivo, de número atómico 88, lo bautizaron con el nombre de radio (Ra).

La física polaca Marie Skłodowska o Curie. A la derecha, el símbolo de la radioactividad.

–Por otro lado, la energía emitida por partículas subatómicas cargadas constituyen las ondas electromagnéticas, que en su variación de frecuencia de onda componen el espectro electromagnético. Para designar estas emisiones de onda se echó mano en castellano del sustantivo rayo (en inglés ray, palabra de origen francés). Esas ondas son, ordenadas de mayor a menor frecuencia: rayos gamma, rayos X, rayos ultravioleta, rayos de luz visible, rayos infrarrojos, microondas y ondas de radio.

Ubicación de las ondas de radio en el espectro electromagnético.

Como se ve, se denominó ondas de radio a un tipo de ondas electromagnéticas no visibles, de menor frecuencia y mayor longitud de onda. Estas ondas llegarían a la celebridad por su utilización como medio de comunicación a distancia.

La radio es un acortamiento de radiotelefonía

El uso intensivo de cultismos basados en el latín rádius llevó a la creación de un prefijo radio- que se asocia fundamentalmente a tres significados:

Radio- ‘radiación radioactiva’. Por ejemplo: radioactivo, radiosensibilidad.

Radio- ‘radiación de ondas electromagnéticas’. En referencia a los rayos X, radiología, radioterapia. Cuando se inventó el medio de comunicación que usaba las ondas del espectro electromagnético de menor frecuencia, se llamó radiotelefonía (Guglielmo Marconi, 1895) o radiodifusión. Como era una palabra larga, pronto se abrevió en la radio. Y las ondas de menor frecuencia se las llamó ondas de radio.

En esta imagen de una antena, se representan las ondas de radio simultáneamente como rayos y como ondas.

De ahí nació el uso del prefijo radio– para significar ‘lo relativo a la radio como medio de comunicación’: radiooyente, radioescucha, radiofónico, radiofonista, radioemisora, radiofaro, etc.

Por tanto: decimos la radio como un acortamiento de la expresión técnica radiotelefonía. En el castellano de España se dice en femenino, la radio, y el mismo género tiene en las lenguas de nuestro entorno. Curiosamente, el adjetivo es radiofónico -a: emisora radiofónica, emisión radiofónica. En Hispanoamérica se suele decir en masculino, el radio, y el adjetivo usual es radial: estación radial, emisión radial.

Un aparato de radio de los años 30.

Ya ven ustedes el accidentado viaje que lleva de una modesta palabra que significa ‘varilla, palito’, a un medio de comunicación por ondas.

P. S. La vegada siguiente que vea l’amigu Naciu Varillas, periodista de la radio, tendré que-y dicir que’l so apellíu ye’l más radiofónicu que-y podía tocar.

Publicado por Ramón d'Andrés

Ciudadano de Oviedo (Asturias). Profesor de Humanidades. Ciudadanu d'Uviéu (Asturies). Profesor d'Humanidaes.

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